Robert Baca: “Empecé a leer por la saturación de mierda que había en la tele”
Entrevista
SABROSÓN N°2
Sabrosón
11/29/2025

Una peda con el poeta peruano Robert Baca
Íbamos por la tercera cerveza y jugábamos en su cancha: un bar en Rue d’Aligre de terraza extensa y trato más caluroso que la norma parisina. A Robert Baca, poeta peruano, le convidamos, además de las chelas, una empanada magrebí que vendían en el local del frente. Brindamos por su “Cartografía de lo invisible” (Arequipa: Aletheya, 2021), una preciosa “máquina de coser humanos”, como dice una nota del autor acerca del lenguaje. Terminamos maldiciendo juntos a Netanyahu y celebrando los versos místicos de los virales de Youtube. Desde aquel día de julio, al poeta tibetano de la place d’Aligre, no lo vimos más. Como anunciamos en la necrológica del número anterior de Sabrosón, aquí publicamos, de manera póstuma (post-empanada, post-chela y post Facebook), la última entrevista a Robert Baca.
Sabrosón (S): Tu poema titulado “América TV. 17H37” dice “Descolgado su cadáver / un Robert Powell no soporta tampoco el vértigo a su propio abismo, / ver copiada la dolorosa escena de la cruz en miles de retratos / que portan consigo los feligreses”. Robert Powell: este tipo ha estado en la infancia de millones de personas, ¡él retrataba a Cristo!
Robert Baca (RB): El Cristo canónico, el de las series que todos veíamos en Semana Santa, ¿no? El poemario tiene toda una estructura de Semana Santa. Y claro, uno de los ejes es también la televisión, cómo nos va formando como individuos y nos va deformando al mismo tiempo. Hay una estructura de poder, ahí, bien interesante. A mí me pareció pendejo, porque era como yo lo veía cuando era chibolo y acompañaba a mi abuela a la iglesia, donde vendían estas estampitas. Y con el tiempo me di cuenta de que el Cristo que vendían era Robert Powell. Tú lo ves así, tirado, con sus ojos azules, hecho mierda. Él es mi figura de Semana Santa.
S: En tu poemario la cultura de la tele es central. Como la religión. Porque vos nos contás los eventos mayores, desde lo local hasta lo que pasa en el mundo, por medio de tus poemas. Como una reinterpretación.
RB: Claro. Yo crecí con la tele pública en dictadura. No se lo deseo a nadie. Tengo mis amigos pitucos que siempre están romantizando el producto cultural de la dictadura. En cambio, cuando lo padeces, es terrorífico. Yo creo que empecé a leer por la saturación de mierda que había en la tele pública.
S: Pero allí aparecen Nubeluz y Mónica Santa María.
RB: ¿Quién es Mónica Santa María? Esta animadora de programa infantil que primero se transmitía a nivel nacional y, luego, como el programa tuvo tanto éxito, se exportó a toda Latinoamérica. La mayoría de casi cuarentones como yo crecimos con la linda. Era la época del boom de la tele peruana. Y claro, esa referencia a la nube... o sea, Nubeluz era una especie de metáfora, ¿no? De la ciudad ideal, adonde viajamos todos los niños, los sábados de nueve a una de la tarde. Pero, al mismo tiempo, era una especie de burbuja, de utopía. Donde, a pesar de que todo era una mierda (veníamos de sufrir la hiperinflación, los picos altos de del terrorismo), todos esos niveles de maximización de la violencia desaparecían para muchas personas como nosotros, los pobres y los niños, los sábados de nueve a una de la tarde. Era como una especie de espacio azul, un espacio del éter. Te desdoblabas. Y Mónica Santa María tenía los ojos azules. Tú la veías, así como en un primerísimo plano, a la tía hablándote, ¡enamorando a la cámara!
S: La configuración del deseo.
RB: Sí. Y aparte es loquísimo, su muerte también es muy simbólica: ese mismo Perú nos va luego a explotar en la cara. Es lo que ella hace con su suicidio. O sea, ella se revienta, se dispara en la cara. Una tipa que es modelo, que en ese tiempo era como la representante de Yanbal Latinoamérica, ¿no? Era como la imagen icónica de la belleza latinoamericana. ¿Y la tía qué hace? Destruye su imagen. Hay una metáfora paralela, entre ocultar toda esa especie de problemas estructurales que veníamos arrastrando como nación y como país y como existencia… como en una máscara de que todo está funcionando bien (que creo que se puede aplicar hoy en día también a lo que está pasando en Perú y en Latinoamérica). ¿Y al final qué es lo que hace? Destruye la máscara.
S: ¿Dónde estabas cuando te enteraste que Mónica… lewinsky?
RB: Me acuerdo que estaba en la cocina de mi casa viendo la tele y salía la noticia de que se había suicidado. La cámara está situada a las afueras de un edificio, es un plano medio. Está saliendo la camilla tapada de blanco. Dicen “la dalina pequeñita se ha suicidad”. Mi mamá está en la cocina y le pregunto qué es un suicidio. Tenía 7 u 8 años y mi madre me dice “el suicidio es cuando una persona decide quitarse la vida”. Definición de diccionario. Para mí fue ¡guau!, yo no sabía que existía eso. Yo sabía que te morías de muerte natural, no sabía que tenías la libertad de poder matarte. Creo que mis primeras crisis de ansiedad vinieron después de eso. Pensar que algún día me iba a morir. Que iba a desaparecer. (…) Comprendí la mortalidad. La conciencia de la autodestrucción la aprendí en la tele.
S: Quizás ahora que hemos hecho el teaser, vamos hacia el título y el artefacto mismo, la “cartografía de lo invisible”. Empiezas con una frase de César Calvo que destaca tu idea de lo invisible como una especie de vínculo totalizante. Tu libro tiene un afán totalizador, una especie de aleph poético.¿Qué idea de nexo, qué idea de invisible está para ti detrás de esta máquina? ¿Cuál es ese todo que quieres reproducir?
RB: Me interesaba mucho la idea de la novela total. Me dije: lo que yo quiero hacer es un poemario total. En ese momento entra también el trabajo de lo invisible. Lo invisible en uno, en lo no dicho, lo invisible como el soporte de la punta de un iceberg y lo invisible como la voz de los otros, de los invisibilizados. El libro es estratégico para el 2021: íbamos a estar todos orgullosos de festejar 200 años [de independencia en Perú]. Pero no hay nada que celebrar, son 200 años que estamos jodidos como nación o pseudo nación o semi nación como lo quieras llamar. Y, al mismo tiempo, también son esos hilos invisibles que mueven el capitalismo. El poemario junta todo eso, trata de abrazar todos esos elementos. Las voces de los libros también están enunciadas desde lo invisible, desde la periferia. Y lo que me interesa también es borrarme como voz poética, como el yo poético. Entonces hay una entrada al nosotros. Y es también alejarse de la mímesis para entrar a la diégesis, una diégesis colectiva. Son como retazos de relatos que se empiezan a construir para formar una memoria colectiva… Y claro, la tele es un buen elemento porque es como un portal, en donde saltas de lo local a lo global, ¿no?
S: Hay varias cosas también de la estructura, de “la máquina” que has construido. Es casi un nudo o una araña.
RB: Reflexionando con el tiempo, es una máquina de coser, de coser retazos. Y eso creo que es un homenaje a mi madre. Ella trabajaba con cuero de costurera. Somos retazos que tratamos de unir, de coser todo el tiempo.
S: Además, en la máquina de coser vas hacia atrás, o sea, empujando.
RB: Y en el libro se ve la costura. Mi intención era justamente que se vieran las costuras, las páginas negras.
S: Es como mostrar el metalibro… Otro fragmento que nos gusta mucho dice “Anoche yo corría detrás de todos como una máquina alucinante, con misiles que escupían mariposas bicéfalas desde los nudos de los carrizos aún con vida, con espermatozoides pirotécnicos.” Es un momento bastante cinematográfico, como un plano secuencia...
RB: El proyecto era para mí que Arequipa se viera, ¿no? Este libro tiene ocho años, me demoró ocho años hacerlo. En un primer momento, mi idea era trabajar la parte del poemario como si fuese un documental en torno a Semana Santa y que el lector fuese un espectador y que pasara por los diferentes temas geopolíticos que están por ahí jugando.
S: Nos encanta la poesía visual y vos le metiste un montón de íconos. Por ejemplo, el botón de like, o el poema de cuando invaden Irak que también es muy visual. Vos hiciste una estructura que parece un bombardeo.
RB: La parte visual es indisociable. Uno de los filósofos con los que yo, con los que yo trabajé cuando estaba en la U, dijo una cosa muy perspicaz. Decía que la literatura, no es que estuviera obsoleta, pero se había anclado un poco, por lo menos en Francia. Y eso lo sabemos leyendo literatura francesa de hoy, que no sabe a nada.
S: Sin sal.
RB: Pollo sin pimienta. Y es que la literatura ya no arriesga tanto como el cine. Desde todos los puntos de vista: los trabajos de movimiento, velocidad, del tiempo… En ese tiempo también estaba trabajando documentales en un seminario del máster. Y el documental es a veces mucho más experimental que el propio cine de ficción. ¿Cómo reflexionas sobre un país en conflicto? Desde lo familiar, desde lo íntimo. En la creación de la estructura de este poemario también influyeron mucho esos seminarios. Cómo se manipula el sonido, dónde poner la cámara, los planos subjetivos, los planos abiertos. Siempre he coqueteado con lo visual. En algún momento de mi vida terminaré haciendo audiovisual, espero, si algún día tengo el dinero.
S: También se nota que es un poemario desde el exilio. No solo por la nostalgia que refleja la mirada desde la infancia, sino también por tu interlocutora, Marianne.
RB: Sí, claro.
S: Es la interlocutora. Como lo es tu abuelo, entiendo, José Manuel.
RB: La construcción de la Marianne como interlocutora era justamente la figura del exilio. O sea, viajas a otro país que no sea el Perú y todo funciona, ¿no? Con el tiempo, me di cuenta de que los ideales de la república son una construcción francesa, basada en la libertad, la igualdad, la fraternidad. O sea, la creación de la bandera, de un idioma, una sola identidad, como unívoca e indivisible… Y en Perú funciona mucho menos porque somos varias naciones golpeándonos todo el tiempo, en efervescencia total. Como lo que pasa en Latinoamérica: somos varias naciones dentro de las naciones oficiales, que están ahí bullendo. El yo poético (o estos yos poéticos, nosotros poéticos) está confrontando esa diferencia. Quería generar un elemento que se opusiera a toda esa categorización de república perfecta. Esa era para mí la figura de José Manuel; la construcción de un individuo fracturado, violentado por esa institucionalidad de la República. Mi abuelo, por ejemplo, era quechuahablante de segunda generación. Y me decía “yo no hablo, yo sólo comprendo algunas cosas”. Me daba media vuelta, regresaba y lo veía hablando en quechua. Entonces es justamente como la voz del otro, la encarnación de esa invisibilidad. Y es también el que va como una especie de bisagra entre todo.
S: Por un momento nos lo imaginamos como un chalán del norte atravesando los desiertos mochicas.
RB: Esa es la figura de mi padre. Es como una especie de adición, un privilegio estético que he tenido en mi vida. Mi viejo ha sido campeón nacional de caballo de paso. El huevón viene de la herencia afroperuana, es negro. Yo soy afro, aunque no lo creas.
S: Te creemos cualquier cosa.
RB: Y él es de Chiclayo [costa norte del Perú, n.d.e.]. Yo pensaba que era de Chongoyape, pero el otro día hablaba con teléfono… “el otro día” ¡Hace cuatro años! Ahí me dice que es de un pueblo más chiquito, que ni siquiera tiene nombre. Y él empezó con los caballos de paso porque es lo único que sabían hacer en su familia. Yo soy el primer Baca que rompe esa tradición.
S: Chongoyape. ¿Dónde está eso?
RB: Ni siquiera es de Chongoyape, al frente de Chongoyape. En Chiclayo.
S: Ah, por ahí estuvo el Papa.
RB: Sí, estuvo el Papa. Probablemente es trending ahora.
S: Pero tú naciste en Arequipa [ciudad surandina, n.d.e.].
RB: Sí. Mi padre se empieza a ganar la vida desde muy pequeño, porque su padre muere a los 16 años. Y los criadores de caballos de paso buscan a la gente que tiene dinero, los blancos, los criollos.
S: Los que coleccionan caballos.
RB: Primero tienen que coleccionar caballos de paso. Necesitas gente que te los críe: el caballo de paso no nace caballo de paso, se hace caballo de paso. Y al mismo tiempo necesitas a los que te montan el caballo y a los que te van a ganar concursos a nivel nacional. Mi padre te hacía los tres trabajos. Criaba y montaba.
S: Tú has crecido entre caballos de paso.
RB: En un establo, como Jesús.
S: Volviendo al libro y a su nombre, “cartografía”, tú lo que intentas es mapear, pero al mismo tiempo situar todo en el ahora, el espacio grande en el tiempo de ahora.
RB: Ambicioso, es lo que me decían: el poemario quiere abarcarlo todo. Hace como ocho o nueve años me dije “tengo que sacar un libro que golpee”. O sea, esa ambición típica. No solo tiene que impactar en el contenido, sino también en la forma. No sé si lo habré conseguido, pero era la ambición. Los españoles dicen “una sacada de polla”.
S: ¿Lo has presentado justo después de la pandemia, ¿no?
RB: El libro tenía que salir en julio de 2021, cumpliendo el bicentenario del Perú. Se fue demorando y se lanzó en diciembre. Salió para la Feria de Guadalajara (yo no fui, estuvo el libro, yo no). Entonces, claro, la vida natural del libro es 2022, aunque haya salido en 2021. Eso me ha traído problemas. Por ejemplo, el libro no se ha expuesto varias veces en vitrina durante el 22 porque no era novedad. ¡Pero ha salido en diciembre del 21! Pero no juega.
S: Como los carros del año… ¿es la cuarta chela, mano?
RB: La tercera….
S: Nosotros vamos por la cuarta o la quinta.
RB: Yo creo que la tercera.
S: Tú sabes que este número de Sabrosón está dedicado al tiempo de los primeros virales y las últimas televisiones. ¿Cuál es tu viral preferido?
RB: El Trambólico. El chico es paraguayo, pero está hecho en Argentina, creo.
S: Que estaban “en la jurisdicción...”
RB: “De la Arbolada, en la construcción del surtidor. Entonces me dijo que nos íbamos a ir, ¡pero nos vamos a ir como yo quiero! Pero hay que saber subir y bajar, subir y bajar, porque esta pendiente es muy trambólica. Y entonces...”
S: “Yo volé.”
RB: “Yo volé, él voló y yo volé de él.” Esa imagen es poesía mística. Lo dirían solamente Santa Teresa, Sor Juana ¿no? “¡Ah, el gran Creador! Yo volé de él”. Sí, sí: poesía mística pura y dura.
Entrevista acogida por la redacción del sabor (Chepe Guerra, Rodrigo Yllaric e Idalia López).
Ilustración de fondo: Sari Tanikawa


