DBZ Linkinpá
Relato
SABROSÓN N°2
Jorge Tanty
11/28/2025

- ¿Man estás seguro? Mira que ya van dos horas dando vueltas y nana-nina…
- Man te juro que era por aquí, los colegas del Yankiel me confirmaron que era un edificio verde, en el segundo pasillo, al fondo, detrás de una reja. Que hay que tocar un timbre y preguntar por Ernesto, el hijo de...
- ¡Papo, pero que aquí solo hay bloques, con bloques! ¡Pura sopa de bloque verde!
Eran casi las 3 de la tarde y el sol seguía bien álgido, levantando cortinas de vapor allá por las lomas a menos de un kilómetro. Sin decir nada, Miguel se sentó a ras del suelo, pegado al muro del edificio, cubierto por un reborde de sombra, la última frontera entre el islote de seis pisos de cemento y la calle sin asfaltar que los separaba del próximo grupo de edificios. Méndez no tardó en sentarse a su lado.
- ¿Oe, te queda agua?
- Ya sabes que no... ¡Y no voy a ver a la viejita pa pedirle por favor! Bastante tengo con esto y contigo.
- ¡Man, qué de qué, si él de la idea fuiste tú!
Méndez frió un huevo con la comisura de los labios sin mirarlo.
- ¿Y si le preguntamos al viejito?
- ¿Al de al frente? ¿Tas loco o qué? Ese de seguro llama la patrulla en menos de tres pitifús.
- ¿Pipo y entonces qué hacemos? Porque aquí todo esto es puro seis-pisos de aquí hasta la otra provincia y la última ronda de guagua pa regresar es a las cinco y media.
- ¿Que tú dices?
- Papo sí, el puro me lo dijo esta mañana antes de salir, que hoy, quien-tú-sabes, decretó que hay “un estado de emergencia energética” y no sé qué. En corto que no hay ni guagua, ni camello, hasta el otro día a partir de las cinco.
- Tu madre…
- ¿El qué?
- ¡Loco por tu culpa mira que no es la primera!
- Oe, ¿la madre de quién?
- Ya viejo, tate tranquilo. A ver, el tal Ernesto, me decía tu primo que era un friki de los de verdad. De los del parque G cuando ahí solo iban los durakos. De cuando te metían en cana por traer casetes de guns n’ roses.
- Eso dice él, yo nunca lo he visto…
- De acuerdo, entonces vamos a ponernos serios. Después del accidente, todos dicen que se retiró y que vive del invento con la antena de su tío. Así que por la zona, lógicamente, todo el mundo debe conocerlo.
- Me imagino… Pero nosotros no somos de aquí, nadie va a decirnos ná.
- Oe fácil. Aquí de seguro la de la farmacia se las sabe todas…
- Eso es meterse en candela, ahí nos fichan sí o sí.
- Man a ver… Paciencia hay que tener contigo, pipo… Mucha paciencia… Ponte a pensar ¿Quién? A ver dime, ¿Quién tú crees que, en todo este barrio, va a ponerse un sábado a las 3 de la tarde, con este sol y esta fundidera a anotar quién viene a ver al único frikitón de la zona?
Méndez dejó pasar un par de segundos para que las palabras entraran en la cabeza de su compañero de infortunio.
- A ver, dime, ¿Tú no quieres pinchar a Lorena esta noche? ¿Dime a ver?
- Sí…
- ¿Y no le prometiste ayer a todo el pikete que ibas a poner el pary a mil? A ver, tus temas de Limbiski ya se los sabe malanga de tanto que los quemaste el finde pasado. Piensa, tus padres no vuelven hasta el lunes, así que mira, esta es, de seguro a cambolo, TU oportunidad, chama. De sí o sí. ¿Verdad?
Miguel miró a Méndez con un resoplido de resignación y fatiga.
- A ver, ¿cómo se llamaba este piquete de wapanga?
- Linkin-pá… o algo así.
- ¡Ese mismo! Ese es el que todos estaban hablando el otro día. Mira, ya estamos aquí, y tienes tres llaves USB con casi un giga de memoria entre las tres. Tranquilo que vamos a fildear el chamaco ese… ¡Ya, porque lo digo yo! Y porque sí. Y tú vas a ver que va a venir Lorena y vas a montar tremendo ambiente con este nuevo pikete de wapanga y la televisión conectá en medio del salón. Y tranquilo, que si Lorena viene con el primo yo le doy la vuelta pa que no te joda la jugada. ¿ok?
En lo que dura una respiración profunda, Miguel asintió y luego se levantó aceptando la mano que Mendez le daba.
- ¿Tibiri-Tabara Tabara-Tibiri ?
- Tao-Tao Maní tostao.
Un choque de puños y cruzaron la calle. Dieron con una mujer cargando un perrito demasiado emperifollado y decorado para la barriada polvorienta donde vivía. Sin tener que decir nada les preguntó si estaban perdidos y cuando preguntaron por Ernesto, enseguida reaccionó:
- ¿El de los discos de música?
- Ese…
Les indicó el último de una serie de seis bloques idénticos y que tuvieran cuidado de no despertar a su madre que estaba durmiendo la siesta.
Ernesto era la imagen misma de los frikitones de antes. Peludo y barbudo como un vikingo de Warcraft, con un tee shirt negro y desusado, de dios sabrá cuantos años. Se entendieron en pocas palabras y les invitó a entrar a su cuarto, un oscuro antro de humedad, polvo y computadoras semi-evisceradas por el piso. A pesar de la hora y de la visible falta de sueño, no podía disimular la alegría de tener algo de compañía por un momento.
Una vez instalados frente a la pantalla con un refresco de polvito sabor a naranja, empezó a revelar sus perlas secretas.
- Mira, aquí lo que tengo es pan caliente, ni Yankiel de la universidad, ni sus amigos ingenieros han visto esto. Acaba de llegar de casa de un colega que tiene la conexión entubada y es la tiza. Son unos videos de wapanga con animación de muñes japoneses. Lo último que trajo el barco, pa que sepan.
Embullados por la euforia de su huésped, le dejaron copiar todo lo que le vino en gana. Fue entonces, mientras se transferían los datos, que Ernesto dejó andar uno de los vídeos. El mejor según él.
Todo empezó con tecleadas de un piano denso y un rasgado eléctrico de fondo. Vieron una criatura verde aplastar el cráneo de un humano y enseguida, sus ojos se llenaron con los destellos de luces, explosiones y puños que desencadenan terremotos. El canto melódico transitó a un rapeado callejero para luego mutarse en un rasgado metalero, para luego volverse sobre sus tonos suaves, mientras a una velocidad difícil de seguir, los personajes aparecían y desaparecían antes de encallar un rodillazo en el abdomen de otro y hacerle escupir sangre. Otro monstruo verde con turbante peleó contra un mono gigante y el impulso de la guitarra seguida de la batería sin frenos apabullaron la habitación, la rellenaron hasta blanquear la pantalla, hasta solo dejar visible la silueta de un niño rubio peli-puntiagudo.
Salieron de la habitación como quien vuelve de otro planeta, los oídos cargados de luz y guitarra durante las cuatro horas de regreso a casa. Aunque la fiesta fracasara, no importaba. Era la primera vez que lograban comprender, aunque fuera por debajo de la piel, que sus vidas habían tomado un giro y que nada sería igual desde entonces.
Jorge Tanty
Ilustración de fondo: Sari Tanikawa


