1997

Relato

SABROSÓN N°2

Alejandro Ferrer Nieto

11/28/2025

Nacimos, los del nuevesiete, en un año liminal. Muy tarde para ser un naintis kid, muy pronto para ser Gen Z. Recordamos, vagamente, un par de torres incendiándose en la tele. Vivimos el paso de los teléfonos ladrillo a los BlackBerry (nunca tuve PIN para dar), el advenimiento de las primeras pantallas táctiles, los iPhones de los niños con plata que heredaban de sus padres con trabajos importantes y coches de lujo. Ya desde temprano la herencia como injusticia. Pero no es lo mismo un nuevesiete UE que un nuevesiete LATAM. Ni más faltaba.

Todos los nuevesiete somos liminales, pero algunos nuevesiete son más liminales que otros. Nacer a finales de los noventa en América Latina es transitar una extraña frontera entre lo arcaico y lo moderno. A nuestros países tropicales todo llegaba como en delay, con meses o años de diferencia. Las modas se mantenían vigentes por más tiempo, antes de que el internet nos condenara a la perpetua inmediatez. Los primos y las primas mayores (los nuevedos, los ochonueve) tenían que aferrarse con uñas y dientes a los Backstreet Boys o a Daria, a Kurt Cobain y a los principios del reggaetón, aferrarse y hacerlos durar lo que se demora el cruce transatlántico de las modas. En nuestros hogares convivieron los DVD piratas con los VHS hasta bien entrado el milenio, pocos eran los computadores familiares, siempre en casas de una clase media que todavía cree en su existencia (liminal también, como los nuevesiete, porque en LATAM lo que hay son ricos, muy ricos, explotados, pobres, y muy pobres).

Somos una generación que ha tenido el privilegio de conocer la adicción a cuatro tipos de pantallas distintas: tubo catódico, plasma, LCD, táctil. 'Nacimos con el chip', como dicen los adultos, pero ya no entendemos la tecnología que nos rodea. Somos una camada de 'niños índigo', cegados por el brillo de los CDs que ya nadie escucha. Entre racionalismo científico y esoterismo new age de tarotista de emisora AM a las 2 de la mañana.

Reventamos más de un computador descargando bring_me_to_life-evanescence-track-1.exe en Ares, a escondidas en el café internet al que iban los cincuentones extraños a ver porno lejos de la mirada acusadora de sus esposas rezanderas.

Pero en medio de este boom tecnológico, convivimos con los ecos de nuestro presente que ya hoy es historia, con los vehículos de tracción animal, las calles sin pavimentar, los bazuqueros y los atentados. Las promesas del progreso, el sueño americano, el tener una tele grande y un jom tiater porque así lo hacen los gringos, entonces debe ser la norma, y por la ventana abierta el pregón del aguacate o del pescado fresco o de los dos litros de helado por tan sólo dos mil pesitos. Crecer con el McDonald's ya establecido (mi prima recuerda cuando llegaron por primera vez los arcos dorados), toda una institución para la burguesía criolla, mientras a los ojos del norte es la basura del ghetto.

Recordamos, todavía, lo que es buscar el teléfono del restaurante chino en las páginas amarillas.

Hoy andamos perdidos, porque nos obligaron a cruzar esa frontera sobre la que nacimos, y estamos del otro lado, en una tierra ignota, confundidos e indocumentados, obligados a asumir una patria que no estamos seguros de querer reivindicar. Pero no nos queda de otra. Halados de parte y parte por lo antiguo y lo moderno, los liminales, hijos de Britney, Don Omar, Slipknot y El Grupo Niche seguimos adelante, sin saber para dónde vamos, como el resto del mundo, pero con la desventaja de no saber, tampoco de dónde venimos.

Alejandro Ferrer Nieto

Ilustración de fondo: Sari Tanikawa